Zurigorri
Bilbao Pareja joven |
Excelente ubicación, frente a la Praia da Claridade.
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El hotel está completamente anticuado. La supuesta remodelación del año 2.000 consistió en un ligero arreglo de los baños y la sustitución de la llave de las habitaciones por una tarjeta electrónica.
Ya desde la recepción se nota lo antiguo del establecimiento y lo excesivo de sus tres estrellas (en realidad, escasamente llegaría a una). Una vez que accedes a la habitación, te das cuenta de que te has equivocado. La moqueta llena de manchas de dudosa procedencia, el colchón... ¡de espuma!, el armario de madera (aproximadamente de principios de los 60, todo un clásico) sin ningún mecanismo de cierre ni una triste manilla para abrirlo sin dejarte las uñas en el intento, está equipado con unos cajones, también de madera, sin carriles que no permiten introducir nada en ellos a altas horas sin despertar a todo el hotel. Una vez en el baño, si eres un poco escrupuloso, se te pasarán las ganas de sentarte en el wc. La tapa del mismo estaba completamente reventada y por las múltiples fisuras sobresalía una espuma de color amarillo. Eso sí, al llegar tenía correctamente situado su precinto de "desinfectado" (supongo yo que en esa espuma podrá vivir hasta David el Gnomo).
En cuanto a la limpieza de la habitación, no te preocupes: jamás te despertará el ruido de un aspirador. El equipamiento del personal de limpieza consta de una bolsa de las rebajas de "El Corte Inglés" con un par de sprays, un cubo para vaciar la papelera, una escoba para barrer la moqueta y un recogedor. El concepto hacer la cama (por cierto, un cambio de sábanas en 11 noches) consiste para ellos en tapar la sabana "bajera" con la superior y la colcha y punto. Las arrugas que hayas dejado en la "bajera" (recordemos, sobre colchón de espuma) al levantarte, las tendrás allí al acostarte.
El horario de desayuno es de 8:00 a 10:30, no está mal. El mismo se sirve en la sexta planta (buenas vistas del Mondego). El problema es que el hotel sólo tiene un ascensor. Puede sucederte, como de hecho nos sucedió a nosotros, que estés esperando más de 15 minutos al ascensor para subir a desayunar (desde el primer piso, que aunque uno es vago un par de pisos ya subiría andando, pero no cinco). Una vez arriba, el desayuno es un poco pobre para lo acostumbrado en el país (he estado en sitios mucho menos turísticos de Portugal en hoteles de la misma categoría y el desayuno era mil veces mejor). La sala de desayunos es un invernadero que solo consta de un pequeño aparato de aire acondicionado semidesvencijado cuyo funcionamiento pongo en duda. Atendiendo la sala hay un par de señoras una de las cuales (ojo si os topáis con ella, morena y con rasgos ligeramente orientales) nos llamó la atención por terminar de desayunar un día a las 10:35 mientras algún otro nos habíamos marchado a las 10:30 dejando varias mesas ocupadas. Además esta señora tiene la mala costumbre de hacer exagerados gestos de alivio (para mí, de muy mala educación) a espaldas de los clientes cuando estos abandonan la sala en torno al final del horario de desayuno (si eres un poco vivo, te giras y la pillas).
En resumen, llevo diez años viajando asiduamente a Portugal y es, sin duda y con diferencia, el peor hotel en el que me he alojado. No tiene tres estrellas ni en broma.
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